Encontré este texto maravilloso de una mamá que no quiere que su hija la imite, desea que su hija haga de su vida algo distinto. Creo que desde el amor de padres siempre se desea el bien-estar de los hijos desde las herramientas que ellos consideran que les ayudará, pero es importante ser conscientes siendo padres, que aunque los hijos sean una hermosa producción propia, son distintos a quienes los crearon. No tienen los mismos sueños, ni pensamientos, ni formas de elegir… El significado de felicidad es distinto para todos, incluida la familia. Si hay un trabajo espiritual que los hijos les ofrecen a sus padres a lo largo de sus vidas, es la aceptación de la realidad.
“No quiero que te parezcas en lo más mínimo a mí, ni siquiera en una pestaña. No eres la continuación ni de mi apellido, ni de mi forma de ser. No eres mi apéndice, eres más… Eres única e indispensable.
No serás lo que nunca pude ser, ni te lanzaré por los senderos que yo hubiera querido recorrer.
Eres sencilla y llanamente diferente, desafiante al exponer tus puntos de vista y realmente quisiera que seas tu propia escultora, que tu cincel haga pedazos las asperezas y redondee las puntas que te afligen.
Eso solo lo puedes hacer tú, no fabriques tus cimientos y columnas sobre nadie, sé fuerte, sé digna, no regatees ni en las tiendas y mucho menos en el amor.
Pero sobre todas las cosas del mundo, solo te pido algo: Sé todo lo que quieras ser, mientras te haga feliz: Vende helados, ilusiones, compra nubes, pendientes, zarandea a la vida y no sigas a los demás, no creas totalmente en lo que te digan, solo hazlo si a ti te apetece, sigue a tu corazón .
Sé timón, nunca ancla, sé mar.” – Anónimo
