Nadia Herencia

Sana, libera, transmuta

Hace unas semanas, un dolor lumbar le obligó a mi cuerpo a permanecer en reposo por varios días. El dolor fue tan punzante e intenso que me dejó inmóvil. Protusión discal, dijo el kinesiólogo. Sesiones de fisioterapia y cuidados con la postura, me recomendó.
Todo malestar físico tiene su causa emocional, y ésta no era la excepción.
Antes que apareciera este dolor en mi cuerpo estuve en un proceso de sanación consciente de una memoria de una vida pasada que se unía con una memoria guardada en mi clan familiar.
Dentro de mi familia, materna y paterna, hay más de 20 mujeres que experimentaron la viudez, más de 20 mujeres que de un momento al otro, quedaron sin su compañero, sin su aliado, sin su amor… Esta memoria de ausencia y separación quedó alojada en mi ADN y he pasado la vida conectando con personas que me recordaban el miedo a la pérdida. El mismo miedo que viajó conmigo por siglos, al haber experimentado la viudez de forma traumática en una vida anterior.
Gracias a poder verlo, reconocerlo y aceptarlo, pude comenzar el trabajo de sanación, no sólo para mí, sino para todos mis ancestros, mis descendientes y las almas involucradas.
¿Y porqué el dolor?
La protusión discal es miedo a la separación. Lo que me duele es el disco que une a las vértebras, justo a la altura del segundo chackra, el chackra de las relaciones y la pareja.
El dolor físico nos ayuda a localizar la herida emocional para liberarla, el ADN se está reescribiendo a través de la nueva forma de pensamiento y creencia. El cuerpo comienza a adaptarse al cambio.
Tener vida en este plano es tener trabajo de sanación que hacer. Elegiste volver a la tierra, elegiste a tus padres, elegiste a tu clan familiar, elegiste tu cuerpo y elegiste las memorias a trascender.
Sana, libera y transmuta. A eso viniste.

Nadia Herencia

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